En el mundo microscópico, invisible a simple vista, el polvo y los microorganismos suelen ser los principales responsables de la pérdida de calidad de los productos. Ya se trate de fármacos que salvan vidas o de sofisticados chips electrónicos, ambos requieren un entorno de producción altamente controlado y libre de impurezas. Las salas blancas (también conocidas como talleres libres de polvo) son espacios especializados diseñados para solucionar este problema.